La vida en cautiverio, un modelo a replantear

 Un debate que tiene posturas diametralmente distintas. Por un lado están quienes no creen que se debe “humanizar cualquier conducta animal”. Por otro, los que conciben como “el principio del fin de la explotación animal” y apelan a que por tener derechos, no se los puede privar de vivir en su medio natural manteniéndolos en zoológicos, que además no siempre cumplen con las condiciones de bienestar animal.
Que en cautiverio la esperanza de vida es mejor... que al desconocer su entorno natural no sobrevivirían, de ser devueltos... dicen los del primer grupo. Del otro lado hay otros argumentos.  Pablo Buompadre, presidente de la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales de Argentina, dice que la cautividad priva del derecho a la libertad “a seres sintientes”, que es una cuestión de “especismo”, es decir, que el hombre ha hecho siempre una “discriminación moral” hacia los animales por su sola creencia de superioridad hacia otras especies.
Esta ONG argentina fue la que presentó un hábeas corpus –un recurso legal que se usa para oponerse a la detención o presidio de personas– a favor de Sandra, un orangután de la isla indonesia de Sumatra que nació en 1986 en el zoo alemán de Rostock y llegó al de Buenos Aires en 1994: 29 años de vida en cautiverio que no le han permitido ser lo que en las lenguas malaya e indonesia significa orangután: un “hombre del bosque”.
Su reconocimiento como persona jurídica, más allá de su liberación, plantea un cambio de modelo de la vida en cautiverio, sobre todo en los zoológicos. Buompadre, que lleva casos como el del oso polar Arturo en Mendoza, cree que ningún animal debe estar en cautiverio, sino en su medio silvestre.
Pero hay casos en los que el cautiverio se convierte en un medio para que ciertas especies logren recuperarse en estado natural, dice Danny Rueda, responsable de Conservación y Restauración de Ecosistemas del Parque Nacional Galápagos (PNG), donde hay programas de reproducción y crianza en cautividad de especies amenazadas como la iguana rosada o la tortuga terrestre. Aclara que el cautiverio “no es un fin”, ya que siempre debe apuntar a devolver a la especie a su hábitat.
Si, por el contrario, se la mantiene en cautiverio de por vida con el único objetivo de exhibición, “eso vulnera los derechos de los animales... ya que no se les permite acceder a su espacio natural de vida”, opina Rueda.
Otro de los argumentos usados en el caso del orangután es que las especies que han estado toda su vida en cautividad, acostumbradas a cuidados humanos, no sobrevivirían pues desconocen la vida silvestre. Pero historias como la del león Christian lo ponen en duda. En 1969, Anthony Bourke y John Rendall lo compraron en Londres y cuando tuvo un año fue reintroducido a una reserva en África, donde se adaptó a la naturaleza, y sin olvidar a sus antiguos propietarios, a quienes reconoció un año después cuando estos acudieron a visitarlo.

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